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Enero 2007
En Puerto Montt:
Capacitaciones permiten integrar a discapacitados mentales en la comunidad
Dos agrónomos profesionales voluntarios les enseñaron a cultivar un invernadero y a mantener jardines.
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| El profesional voluntario Carlos Francke junto uno de los pacientes. |
Además de verduras para una alimentación completa y unos $ 20 mil mensuales para sus gastos personales, ahora los pacientes del Centro El Encuentro cuentan con una oportunidad de ocupación e integración en la comunidad.
Esto es precisamente lo que busca este taller, que atiende a 20 personas de 17 a 60 años con discapacidad síquica provocada por daños de la esquizofrenia. Gracias a las capacitaciones impartidas por los agrónomos profesionales voluntarios, Carlos Francke y Yerka Quappe, los pacientes aprendieron a cultivar su invernadero y a mantener jardines de los vecinos.
Durante siete meses Carlos enseñó a un monitor y a cinco pacientes a optimizar el uso de un invernadero que no había dado ningún fruto desde su construcción hace dos años. El grupo aprendió a sembrar, abonar y hacer almácigos, y ya cosecharon lechugas, acelgas, rabanitos, cilantro, perejil y ciboulete.
Las tareas e instrucciones quedaron registradas en un documento que el monitor puede consultar cuando tenga dudas.
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| La profesional voluntaria Yerka Quappe (al centro) junto al grupo. |
“Los he visto muy interesados, ya no están aburridos. Se cansan muy luego, pero están muy motivados. El objetivo de integrarlos se ha ido cumpliendo y además nos ayuda a darles una alimentación completa, porque no siempre tenemos el dinero para el cilantro o las lechugas”, cuenta Lucila Aguila, directora del Centro El Encuentro.
Yerka capacitó en seis sesiones a cuatro pacientes y a un monitor en trasplantes, poda, patillas y mantención del pasto. Gracias a un proyecto financiado por la Municipalidad de Puerto Varas, El Encuentro compró maquinas, herramientas y difundió entre los vecinos el trabajo que los pacientes ofrecerían.
Comenzaron en noviembre y ya cuentan con 15 clientes de la población Antue. Los chicos obtienen alrededor de $ 20 mil mensuales, dependiendo de cuántos días trabajen. Lucila explica que no siempre tienen ánimo para salir y que se les debe respetar sus ganas. “Esto es súper positivo, porque vemos que los chicos son capaces de salir a la comunidad, andar en micro y superar sus miedos a los perros y a la gente. Es un logro inmenso. Además hemos tenido muy buena aceptación de los vecinos. Era primera vez que hacíamos algo así y ahora sabemos que podemos embarcarnos en otros proyectos, donde se sientan útiles y salgan adelante”.
Carlos Francke, profesional voluntario: “Aprovechando los recursos (el invernadero tiene 18 m2) logramos hacer hartas cosas, ellos vieron que se podía y aprendieron. Tanto para ellos como para mi fue muy satisfactorio. Lo que más me gustó fue su motivación y el apoyo que me brindaron en el Centro”. |
Yerka Quappe, profesional voluntaria: |

