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Septiembre 2009
Invernadero para rehabilitar drogadictos obtuvo financiamiento
El profesional voluntario de Fundación Trascender, Pablo Croquevielle, asesoró en el desarrollo del proyecto postulado por la Comunidad el Sendero, de Fundación Paternitas.

Tras un año de trabajo, el invernadero de champiñones para la rehabilitación de drogadictos, comenzará a construirse. Pablo Croquevielle, agrónomo voluntario de Fundación Trascender, asesoró a Esteban Armijo, monitor de la Comunidad Terapéutica el Sendero, en la elaboración de un plan de negocio, que se ganó los fondos para su construcción e implementación.
El invernadero de 500 metros será una instancia de rehabilitación para los 20 internos de este centro ubicado en Talagante y dependiente de la Fundación Paternitas. Además, les permitirá insertarse laboralmente, ya que les enseñará un oficio y entregará un sueldo. Esteban Armijo, quien se convirtió en monitor tras rehabilitarse en esta comunidad, explica que para tener una mejora exitosa es esencial enseñar el hábito del trabajo, de otro modo, se volverá a consumir y robar.
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“Estoy muy contento por haber obtenido el financiamiento y muy agradecido por la ayuda de Trascender. Pablo me enseñó todo para plantear el proyecto, me abrió la mente y me dio la seguridad para seguir adelante. Fue una ayuda extraordinaria”, afirma Esteban, quien previamente había sido capacitado en Excel por Felipe Concha, profesional voluntario, manejo que requería para desarrollar el proyecto.
Por su parte, Pablo se entusiasmó aún más con su voluntariado al saber que finalmente el invernadero se construiría: “A través del trabajo con Esteban, puedo ayudar a muchas personas. Como agrónomo, me agrada mucho ver el proyecto realizado y que sea económicamente sustentable, porque los internos van a poder recibir un pago por su trabajo y aparte de ver los champiñones, vivirán de un emprendimiento. Eso es un efecto multiplicador muy grande”.
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Esteban Armijo y el voluntario Pablo Croquevielle en la Comunidad El Sendero |
Pepsico entregará el aporte de $7 millones en septiembre, y en alrededor de 45 días el invernadero estará listo para comenzar a sembrar. Entonces, un grupo de cuatro internos, que lleven más de seis meses de rehabilitación, podrán empezar a trabajar. Se calcula que un mes y medio después obtendrán la primera producción, la que alcanzaría unos 1.000 kilos de champiñones. En forma paralela, el monitor realizará los contactos comerciales para vender la cosecha. Inicialmente, los jóvenes no recibirán su sueldo directamente, si no que se les depositará para un ahorro de vivienda.
Esteban Armijo explica que el proyecto puede crecer, ya que la compañía donante está interesada en que realicen cultivos de lechugas hidropónicas. De esta manera, esta exitosa asesoría profesional, podría alcanzar efectos insospechados.
