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Marzo 2009
Capacitación a tías de hogar de niñas de Chaitén
Catalina Rodríguez y María Paz Turner, profesionales voluntarios, desarrollaron con éxito un taller educacional.
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Las niñas de Chaitén en un paseo |
Tras la erupción del volcán Chaitén, las 19 niñas, de 3 a 18 años, acogidas en la Residencia Femenina de la ciudad y sus educadoras se ubicaron en una casa en Llanquihue. Al llegar a su nuevo cargo a fines de 2008, Claudio Andrade, director del hogar, vio que la inserción de las niñas, que están ahí por maltrato o abusos, había sido muy buena y que rápidamente retomaron su educación y vida habitual. Sin embargo, las tías estaban cansadas del proceso y se hizo más patente la necesidad de capacitarlas en el manejo educacional de las menores.
Catalina Rodríguez y María Paz Turner, profesoras y profesionales voluntarias de Fundación Trascender, realizaron un taller de dos sesiones a las cinco educadoras, donde abordaron las etapas del desarrollo de las niñas, técnicas de manejo conductual y entregaron información de actividades para un mejor uso del tiempo libre.
Claudio Andrade afirma que la experiencia fue un éxito: “Comprendieron las diferencias entre una niña de 7 y una 14 años, y se quedaron con un mapa de actividades para realizar. El primer día noté que estaban con otra visión de su trabajo. Creo que lo más importante fue compartir experiencias, ya que eso les permitió reenfocarse en su labor diaria con apertura a otras experiencias de trabajo en infancia. Funcionó como catalizador para ellas, las veo más empoderadas de su rol”.
Catalina Rodríguez explica que las tías estaban muy dispuestas y quedaron agradecidas: “Ellas necesitaban desahogarse y validar su trabajo. Su labor se basa en pura experiencia y lo hacen bien. Nosotras sólo las reforzamos, compartimos vivencias y les dimos consejos”.
Por su parte María Paz Turner, complementa con su testimonio: “A partir del tema de las etapas del desarrollo buscamos casos, vimos cómo resolverlos, y de ahí pasamos a los consejos. Al venir de Chaitén, ellas también traían una carga, así que estaban ávidas de tener un espacio, además no se ven siempre, ya que hacen turnos. Me encantó y me motivó mucho para volver”.
“Fue un voluntariado muy especial, por la situación de las niñitas. No estás todos los días con niñas que han vivido maltrato y abuso. Uno no valora la vida que tiene. La repartija de la vida no es pareja y con más razón te dan ganas de ayudar. Esta situación te hace un clic y reaccionar un poco”.
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