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Marzo 2009
Hogar de niñas redujo nivel de estrés
El taller de autocuidado, realizado por David Tapia, sicólogo, a las tías de la casa Laura Vicuña, del Hogar de Cristo de Antofagasta, les permitió disminuir el estrés de cuidar a niñas vulneradas.
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David Tapia junto a las tías. |
No sólo las cuatro monitoras encargadas de cuidar a 15 niñas aprendieron a manejar el desgaste de su trabajo, si no que las menores, además mejoraron su conducta. Así resume Luz Marina Manríquez, directora de la casa Laura Vicuña, del Hogar de Cristo de Antofagasta, los logros del taller de autocuidado, realizado por David Tapia, sicólogo y profesional voluntario de Fundación Trascender.
Este hogar atiende a menores de 4 a 16 años, derivadas de tribunales con medidas de protección por abandono, abuso o maltrato, quienes ingresan a programas de adopción, reinserción familiar o preparación para la vida independiente. Las monitoras cumplen distintos roles en la casa, pero cada una, desde su labor, se preocupa de educarlas y darles cariño.
Dado el estrés que implica cuidar a niñas vulneradas, se planteó la necesidad de profundizar el trabajo de autocuidado de las tías. El profesional de Fundación Trascender realizó un diagnóstico y talleres los martes y viernes durante noviembre y diciembre.
El primer mes se enfocó en una sicoeducación, donde las monitoras pudieron desahogarse y aprender la importancia de cuidar su salud mental para no desgastarse emocionalmente. El segundo mes, David combinó la enseñanza con la recreación a través de cursos de cueca, que era uno de los intereses manifestados y que, por casualidad, el sicólogo podía guiar, ya que sus papás tienen un grupo folclórico y él sabe bailar muy bien. El taller terminó con la celebración anual del hogar y una presentación de cueca en la que todos bailaron y las tías agradecieron el trabajo de David.
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En la presentación anual |
“Justo coincidió que yo podía enseñarles el baile y salió todo perfecto. Se cumplió el objetivo de que las tías manejaran su estrés, aprendieron y se responsabilizaron de la necesidad de cuidar su salud mental. Incluso hicieron muchas actividades sin mi y ellas me las contaban”, explica el profesional voluntario.
Luz Marina afirma que el solo hecho de que se hayan dado el tiempo para asistir al taller es un gran avance: “Las monitoras son reacias a salirse de sus labores para recibir apoyo. Pero esta vez lograron priorizar. El equipo técnico ayudó a cuidar a las niñas mientras ellas se dedicaron 100% al taller. En las evaluaciones manifestaron que les ayudó mucho a disminuir el estrés y a mejorar el manejo emocional de las niñas. También vimos cómo las menores mejoraron su conducta: antes interrumpían durante las reuniones y ahora se comportan. Entendieron que las tías necesitan su tiempo. Incluso hay un mejor ambiente, con menos gritos y más tranquilidad”.
Los excelentes resultados motivaron a Luz Marina a replicar este taller en la otra casa de menores del Hogar de Cristo, llamada Ana Cruchaga. Ahí la profesional voluntaria Carla Vásquez realiza una actividad similar desde enero, pero enfocada en mejorar la comunicación de las monitoras.
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