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Noviembre 2008
Jóvenes participaron en taller de cerámica y autocuidado
Profesionales voluntarias desarrollaron taller para trabajar la afectividad de niñas vulneradas mientras les enseñaban a elaborar una vasija de cerámica.
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Ana María Fernández, Daniela Grau, directora regional de Fundación Trascender, y Constanza Olea, junto a las jóvenes. |
Un grupo del 10 jóvenes de 12 a 17 años de la Fundación Mi Casa asistieron al taller “Mi vasija interior”, donde aprendieron a moldear arcilla al tiempo que trabajaron el cuidado de sí mismas. Las profesionales voluntarias Ana María Fernández, orientadora familiar, y Constanza Olea, profesora de arte y cerámica, crearon este taller especialmente para estas niñas, que viven en este hogar debido al maltrato y abusos sexuales.
Sandra Mansilla, encargada de la Fundación Mi Casa, cuenta que inicialmente solicitó un taller recreativo de danza, pero no habían voluntarias disponibles para eso y al conversar con Ana María Constanza, ellas sugirieron esta propuesta que fue muy buena: “Me parece novedoso abordar el autocuidado con las niñas, a través de una actividad manual, ya que se generan instancias de diálogo y se rompe con la idea de una clase, donde un adulto describe un tema”.
El taller duró ocho sesiones y consistió en trabajar una masa de arcilla como si fuera el cuerpo de las niñas; para después, armar una vasija, asemejando esta labor a la construcción de sus propias vidas, donde cada una pone su sello personal y los cuidados para que ésta no se rompa.
Por su parte, Isabel Guzmán, tía cuidadora de las niñas, cuenta que quedaron fascinadas: “Lo aprovecharon al máximo. Fue bonito, se entretuvieron y estaban contentas de ver su obra, porque para ellas es muy importante hacer algo por ellas mismas. Se quedaron con gusto a poco, y cuando les han hecho otras actividades, ellas dicen si no les gusta”.
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| Las niñas al recibir sus cerámicas listas |
Constanza Olea, considera que resultó muy bueno: “La arcilla fue genial, porque fue el enganche para que estuvieran contentas y pudieran conversar, así, no era como una charla. Creo que era su distracción del tedio de su vida, pero que además aprendieron la idea de cuidar “su vasija” y su cuerpo”.
Durante el transcurso del taller cada joven decidió hacer un objeto distinto, algunas elaboraron un joyero, otras una vasija y otras una figura. Al finalizar, los pintaron y Constanza los llevó al horno, y se los entregaron en una última sesión de despedida.

