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Octubre 2007
Voluntarios realizan coaching para microempresarios
Con una metodología especial, cuatro grupos de siete microempresarios han adquirido habilidades personales para el desarrollo de sus negocios.
Con la idea de desarrollar competencias críticas para impulsar una microempresa, la Fundación Contigo creó los talleres de coaching. Éstos se dirigen a pequeños grupos de personas insertas en los programas de microcrédito y microemprendimiento de la Fundación.
El alto costo de estas asesorías y la necesidad de efectuarlas de manera personalizada, obligó a formar voluntarios especializados en la metodología del coaching, quienes, como monitores senior, la transmiten a nuevos profesionales.
Carolina Zambrano y Antonio Rivero, sicólogos y profesionales voluntarios de Fundación Trascender, impartieron talleres entre mayo y septiembre, y su trabajo fue tan bien valorado, que se les invitó a participar en un nuevo proyecto, esta vez como monitores senior.
Raúl Perry, director ejecutivo de la Fundación Contigo, cuenta que su experiencia con voluntarios de Fundación Trascender siempre ha sido muy buena: “Carolina me sorprendió por el cariño que le tomó a las personas con las que trabajó. Realizó dos talleres y se desempeñó muy bien. Me saco el sombrero por ella. Antonio nos aportó mucho con su formación más estructurada y, a la vez, su capacidad para adaptarse a las necesidades de los microempresarios”.
Las capacitaciones tienen ocho sesiones y cuentan con 7 a 8 microempresarios, quienes a través de dinámicas, conversaciones y un autodiagnóstico, abordan sus sueños y evalúan las habilidades con que cuentan para cumplirlos. Luego se fortalecen las competencias más débiles mediante distintas tareas y trabajo grupal.
A Antonio Rivero lo dejó muy contento constatar que, a pesar de las dificultades, las personas efectivamente mejoraban: “La habilidad más escasa era la orientación al logro y gracias a una pauta de observaciones, vimos que pudieron desarrollarla. Trabajamos con un grupo que quería formar una empresa de muebles; al principio no anotaban nada y al final traían su cuaderno y tareas hechas. Al inicio la empresa ni existía y al terminar el curso, tenía su correo electrónico, contactos e incluso partieron con un cliente que les pude recomendar”.
Por su parte, Carolina quedó muy entusiasmada con todo lo que aprendió los microempresarios: “La gente es muy buena. Tienen mucha fuerza para empezar. Quizás, no sabían muchos datos o les faltaban habilidades para desarrollar, pero valoraron el espacio para escucharse y son muy empeñosos y trabajadores. Podían tener miedo, pero se lanzaban”.
El entusiasmo llevó a Antonio y Carolina a iniciar a mediados de octubre los talleres en los que ellos serán los monitores seniors y compartirán su experiencia con nuevos voluntarios.


