| "La
ética debiera ser nuestro sueño global de humanidad"
Fernando Montes,
S.J., Rector de la Universidad Alberto Hurtado
Resumen
de la charla ofrecida a los voluntarios de trascender el 28 de agosto de
2002, sobre los dilemas éticos a los que se ven enfrentados los
profesionales jóvenes en su vida laboral.
Dos tiempos, dos
culturas
En general, nosotros
entendemos la Historia humana como una historia líneal, que sigue un
curso determinado, pero existen momento en que dos tiempo, dos culturas
se traslapan. Son los momentos de la revolución industrial, de la
invención de la imprenta. Momentos de grandes cambios que dejan
vacilante y en suspenso al que venía y expectante y abrazador al que
vendrá. Hoy ustedes están viviendo uno de esos tiempos. Un momento de
traslape. Cuando dos mundos se traslapan, uno no se sabe dónde marchar.
Se nos ha quebrado un mundo, hay que construir uno nuevo; cayeron las
certezas de antaño y hay que descubrir nuevas. Pero no sabemos hacia
dónde enfilar. Por eso se dice que la historia de la humanidad se
construye de ternuras y durezas.
Vivimos un tiempo
difícil. Antes, cuando yo era chico, la generación de mi padre y mi
abuelo compartía los mismos parámetros, tenía el mismo idioma, leía
los mismo libros, participabamos de una misma cultura.
Hoy, nos toca vivir una
cambio radical. Cambio en las técnicas de las comunicaciones, un avance
sorprendente e inimaginable de la tecnología y la ciencia. Cambia la
forma de pensar, de percibir el mundo. Algo parecido sucedió en el
tiempo que se inventó la imprenta.
El uso de los
progestágenos, el uso de la píldora y su consiguiente masificación
como método preservativo. En el momento en que se inventa la píldora
el papa Pablo VI se ve presionado a publicar su encíclica Humane Vitae,
como una forma de responder a este cambio en la percepción del amor.
Hay que pensar que previo a la píldora la percepción del amor incluía
sentimiento, sexualidad y paternidad. Nadie pensaba en el amor ajeno a
la paternidad. Con los progestágenos, la sexualidad se disgrega y en
muchos casos se pervierte.
En el conjunto de cambios
que hemos experimentado se nos quiebra la cultura. Y por favor cuando
hablo de cultura no me refiero a los lanza llamas ni a los saltimbanquis
que aparecen cada vez que el Gobierno convoca a una fiesta de la
cultura. Me refiero a la cultura como aquello que nos estructura el
alma, que está en lo más profundo de nosotros y nos ordena.
Cuando un animal nace,
sabe perfectamente lo que debe hacer. Sabe qué constituye una amenaza,
sabe cuál es su lugar en la manada, en fin, lleva una mochila con la
información necesaria que le permite desenvolverse en el mundo. En
cambio, cuando nace el ser humano es la mamá y el papá, su núcleo
familiar, el que debe cargar de datos la mochila. Son ellos quienes
dicen lo que es bueno y lo que es malo. Y eso que uno recibe como un
regalo, es lo que llamamos cultura y es lo que en definitiva nos permite
movernos y desenvolvernos sin problemas en la sociedad.
La cultura entonces es un
cúmulo de símbolos, valores y significados que nos permiten transitar
por el mundo.
Hoy la globalización nos
impone una forma de ordenarnos que va más allá de las fronteras, que
nos implica tremendos desafíos y enormes posibilidades, pero que
también nos ha producido un desorden en la cultura.
Toda cultura tiene
valores. La justicia, el trabajo, son valores que y están plenamente
justificado. Lo complicado es cuando en una sociedad se quiebran las
justificaciones. Cuando los símbolos que nos dicen algo, se quiebran.
Con la justificación
rota, el valor queda vacío, no tiene significado. No simboliza nada.
Así mismo, se han
quebrado los metarelatos. El comunista ya no cree en su discurso.
Vivimos en una sociedad compleja, una realidad compleja. El sistema
cultural, cargado de significados, que nos ordenaba por dentro; ahora
nos desordena. Hoy es difícil darle fuerza vital a los valores. Algo me
hace pensar que la gente del siglo XX necesitaba arrancar.
Se nos han quebrado las
finalidades y sólo hemos quedado con los medios. La cultura moderno nos
quita los fines y nos otorga únicamente medios. Es la cultura del carpe
diem. De qué me importa el mañana, gocemos el presente, vivamos el
día.
La cultura moderna nos ha
empapado de medios. El fin convertido en medio. Tener un título en la
universitario, no es un fin, es un medio. Se llega a la estupidez
absoluta, un ejemplo claro es el libro de guiness, los récord; el beso
más largo de la historia (72 horas), el beso que es un símbolo de amor
convertido en un fin, una meta. Resulta tedioso, repugnante. Convertir
medio en fines. Hay personas que no pueden vivir, no pueden amar porque
no lo consiguen y persiguen innumerables medios.
El auto significa mucho
más que un medio para ir a un lugar, medio para desplazarse. Entonces,
la pregunta que nos debiéramos formular es qué medios utilizo yo en mi
trabajo; cuál es mi fin en la vida; qué persigo, porqué me levanto
todas las mañanas. Porque nos hemos llenado de medios convertidos en
fines. Porqué patria uno da la vida.
Porque gracias al fin
ordeno, jerarquizo, doy sentido a mi vida y puedo ser libre.
Se nos ha quebrado la
imagen del padre. El padre es el que nos ayuda a salir del vientre
materno, es el que al nacer nos arranca de nuestra unión con la madre y
con este gesto nos recuerda que vivimos en sociedad, que somos trinidad.
Que hemos sido concebido en sociedad y que ahí nos desenvolvemos.
Hoy los niños no tienen
límites. Conocen sus derechos y los recitan, pero no saben de sus
deberes. Se los educa como tiranos.
El concepto de trinidad.
Es un concepto de relación, siendo unidad (con mi madre que me ayuda,
me soporta y me acoge durante mis primeros años) me relaciono con
otros. El hombre en cambio visto solo, ajeno a este vínculo fraternal,
nos refleja una humanidad sola y egoísta.
Que triste es escuchar a
personas ya mayores decir "el problema es que nadie me dijo lo que
era bueno o malo". Nadie estuvo ahí para mostrarle su lugar en el
mundo, para cargarle la mochila de significados. Esa persona es incapaz
de transmitir cultura, es incapaz de perpetrar esa cadena cultural que
se transmite de padres a hijos por generaciones.
Esa cultura
individualista centrada en uno mismo, en la que jamás me dicen que
lloraré, que me caeré. Debiéramos preguntarnos para que patria
estamos educando a nuestros hijos.
Falta de finalidad y
falta de sentido social (ahora es el reinato del yo, el yo es el más
importante), esto se traduce en una falta de amor.
La ética no es un
manual de prohibiciones
En este contexto cultural
es difícil vivir más humanamente.
Nos preguntamos cuál es
la ética que debiéramos practicar en el trabajo. La moral no es un
cúmulo de prohibiciones. La ética -la verdadera ética- es
fundamentalmente un código que nos permite hacer nuestra vida más
humana.
Para algunos grupos de
nuestra sociedad, la ética es un conjunto de prohibiciones. Se
establecen límites que literalmente coartan nuestra posibilidad de ser.
La ética es un conjunto de códigos que nos permiten ser libres.
Cuál es la ética que
debiera observar en mi trabajo.
Pienso que es ético, o
éticamente correcto, aspirar a la excelencia. Si soy un hombre
capaz de dar 3, no es ético que dé 2. Un profesional debe
actualizarse, debe estar permanentemente perfeccionándose. En la
sociedad actual se percibe una mediocridad tan grande...
Honestidad.
Un profesional ético debe ser honesto, en el más puro y complejo
sentido de la palabra. Y no estamos hablando de un listado de lo que
debe o no debe hacer un profesional; seguramente los más corruptos,
conocen palmo a palmo ese listado de deber ser.
Se trata de ser honesto
en cuánto gano, en el trato que doy a mis empleados; en el tiempo de
relaciones que tengo con mis pares.
Y por último, y lo más
importante, es tener presentes que somos personas. Es éticamente
correcto que un profesional se preocupe íntegramente de su ser persona,
que no olvide su dimensión compleja.
He escuchado a tantas
personas afirmar que "lo más importante en la vida, son mis
hijos" y es literalmente una mentira.
Es ético cuidar mi
calidad de vida. Toda persona debe tener tiempo para cantar, para
descansar, para soñar, para amar... Si mi trabajo y mis deseos de
triunfar me destruyen la vida, de qué me sirve ganar el mundo entero,
si me he perdido en la mitad.
El sueño global de
Humanidad
Nacemos de los demás.
Somos por esencia comunidad. Entonces nunca podemos olvidar preguntas
tan sencillas, como cómo es mi relación con los otros. Hay que pensar
la ética como un sueño global de humanidad.
Hoy nuestro mundo está
dominado por economistas. La política se hace de economistas y son los
que han tomado el lugar de los antiguos políticos. Vivimos entre
profesionales herodianos, piensan mucho en sus propias preocupaciones,
en sus propias inquietudes, en aquellos que los afecta, pero no les
importa su país.
No les importa soñar un
país. Vivimos un tiempo de cambio. Se nos han quebrado nuestros
valores, nuestros fines y contexto social. Y en ese escenario debemos
repensar nuestra ética.
El desafío de Chile
está en pasar de ser un país en vías de desarrollo a ser un país
desarrollado. Lo que podemos hacer como profesionales en ese contexto,
es de una importancia enorme. Soñar con una sociedad más humana.
Soñar la responsabilidad social de llegar al desarrollo sin perder el
alma en el camino.
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